Los medicamentos que llegan a comercializarse pasan por estudios exhaustivos de eficacia y seguridad. No obstante, existen reacciones adversas que, ya sea por su baja incidencia o porque ocurren en grupos especiales de población (niños, ancianos, pacientes polimedicados, embarazadas, etc.), no se detectan durante el periodo de estudios de pre-comercialización de un fármaco. Por esta razón es necesaria la farmacovigilancia, definida por la OMS como “la ciencia y actividades relativas a la detección, evaluación, comprensión y prevención de los efectos adversos de los medicamentos o cualquier otro problema relacionado con ellos”.

Una de las herramientas más eficaces de la farmacovigilancia es la notificación espontánea de sospechas de reacciones adversas a medicamentos mediante el programa de la Tarjeta Amarilla. Mediante este programa los profesionales sanitarios notifican las sospechas de reacciones adversas a medicamentos que observen durante su actividad clínica diaria. El cesme lleva a cabo las tareas de farmacovigilancia en Castilla y León y actúa así como Centro Regional de Farmacovigilancia.