Disbabelia (Number 2 – Year 2000)

ISBN: 84-8448-091-7 – Nº 2/2000
EDITA: Secretariado de Publicaciones e Intercambio Editorial

SULEIMAN CASSAMO
El regreso del muerto

Traducción, introducción y notas de JOAQUÍN GARCÍA MEDALL

El Regreso del muerto, colección de cuentos, fue publicado por primera vez en Mozambique en 1989 y obtuvo una excelente acogida por parte de la crítica y del público. Se le concedió el Premio de la Asociación de Escritores Mozambiqueños. Semejante acogida estuvo muy justificada. Suleiman Cassamo tenía entonces veintisiete años y los cuentos revelaban el inicio de una nueva voz en las letras mozambiqueñas. El área geográfica en la que se desarrollan los cuentos se extiende por la capital, Maputo, y por la región circundante -el caniço, Manhiça, Marracuene, la región de la sabana bañada por el río Incomati. Pero también está muy presente el Jone o Johannesburgo y las minas de El Transvaal, patria de los magaíças o mineros negros.

La lengua ronga irrumpe en el portugués, abriendo un camino hacia nuevas musicalidades.

Historias de gran densidad, llenas de dramatismo y sentimientos, convierten a esta recopilación en una de las obras más significativas de las letras mozambiqueñas. El regreso del muerto ha sido traducido con anterioridad al francés por la UNESCO.

 


SULEIMAN CASSAMO nació en Mozambique en 1962. Actualmente vive en Maputo y es profesor de la Universidad Eduardo Mondlane. En 1966 fue elegido secretario general de la Asociación de Escritores Mozambiqueños.



 

 

PRÓLOGO
Tras las huellas de los navegantes portugueses
 
 
El año 1415 comenzaba Portugal su aventura africana, una que todavía no puede decirse que haya concluido del todo, ni que tal vez lo haga nunca. En aquel año, el joven Príncipe Enrique de Portugal, de veintidós años, más tarde conocido como “el navegante”, culminaba con éxito la conquista de la ciudad de Ceuta, al otro lado del estrecho. Las leyendas de gloria y de oro y riquezas, posibles al otro lado del desierto, comenzaron a acariciar los oídos, la imaginación y las ilusiones de toda una colectividad de floreciente vocación marinera y sedienta de afanes de aventura y enriquecimiento.

En 1420 se produce la conquista de Madeira, y en 1431, la de las islas Azores, pero la verdadera conquista de África sólo comienza en 1434, dieciocho años después, cuando la primera expedición logra arribar al cabo Bojador, situado en el actual Sahara Occidental, y regresar con éxito al puerto de Lisboa. Hubo que esperar todos esos años par alcanzar una mejora suficiente de las técnicas de navegación que hicieran posible dominar los fuertes y temibles vientos de la zona, que antes hacían imposible el regreso. A la muerte del Príncipe Enrique, en 1460, los navegantes portugueses ya habían alcanzado las costas de Sierra leona y el éxito económico casi seguro de sus expediciones, basado éste, sobre todo, en el comercio del oro.

Pero sigamos hacia el sur, según avanzan los años. No hay empresa que se le resista al hombre decidido a conquistarla.

En 1469, un intrépido comerciante de Lisboa, Fernando Gomes, adquiere un monopolio que le haría muy rico: el del comercio con los territorios del descubierto Golfo de Guinea y reino de Ghana. El límite más lejano de su Imperio puede establecerse en la zona del cabo de Santa Catalina, parte del actual Gabón. Uno de sus capitanes, Fernando Poo, descubrió una isla en 1479, que llamaría Formosa, y que llevaría luego su nombre hasta el siglo XX; y, un poco más tarde, Joao Santarem y Pedro Escobar, la de Annobón, más pequeña, pero no menos hermosa.

En 1841, ya cumplido el contrato monopolio de Gomes, una nueva expedición se echa al mar en Lisboa, la mayor de todas las conocidas hasta entonces, gracias al patrocinio y la ilusión de un nuevo rey amigo de navegantes, Juan II de Portugal. El nuevo nombre del pionero mítico será el de Diego Cao. El límite del Cabo de Santa Catalina queda superado: la desembocadura del río Zaire, el cabo de Santa María, los pactos con el rey Congo, Angola, el cabo de la Cruz, la costa occidental se termina, las Indias están cada vez más cerca. Pero el honor y protagonismo de hacer esta ruta posible y verosímil por primera vez le cabe a Bartolomé Dias, quien abre por primera vez al comercio el Cabo de Buena Esperanza y el Océano Índico.

La gloria definitiva le corresponderá, sin embargo, a Vasco de Gama, quien después de rodear el Cabo, penetra de verdad en el nuevo Océano. El último de los más grandes navegantes portugueses ascendió, de enclave en enclave -Sofala, Quelimane, …-, por toda la costa oriental de África, estableció contactos con los comerciantes árabes de Mombasa, con los reinos cristianos de Abisinia, hasta llegar a la India y a sus riquezas.

El fuerte de Mozambique, como bastión protector de las conquistas de las costas orientales, se fundó en 1508, con una guarnición de soldados y misioneros de no más de mil hombres. Y por este nombre se conoce esta nación de África que tanto nos incumbe en estos momentos.

Nuestra segunda entrega de la colección Disbabelia de traducciones ignotas, la que ahora ofrecemos al público lector, no es una nave dispuesta a surcar los mares de la aventura, pero también participa ce cierta afición al riesgo. No está dirigida por ningún rey Juan, amigo de navegantes, aunque su director lleve el mismo nombre. Joaquín García-Medall -mi amigo-, brillante y entregado traductor de vocación, no es Vasco de Gama, pero también participa de su pasión por África en general, y Mozambique en particular, y nos descubre generoso, para beneficio de todos nosotros, un nuevo mundo: aquél al cual las curiosas divagaciones de lo mejor de su imaginación y sensibilidad personal le han llevado con anterioridad: la demasiado ignota literatura mozambiqueña en lengua portuguesa muy dignamente representada en la persona y talento literario de Suleiman Cassamo.

Antes y ahora, no hay empresa que se le resista al hombre decidido a dominarla o traducirla. Dar a conocer lo ignoto. Con ello, de nuevo Disbabelia satisface los fines para los que fue creada.

Juan Miguel Zarandona

 
 
 
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