Vertere (Número 11 – Año 2009)

ISBN: 84-96695-31-X – Nº 11/2009
EDITA: Excma. Diputación Provincial de Soria

JOAQUÍN GARCÍA-MEDALL

Vocabularios Hispano-Asiáticos. Traducción y contacto intercultural

En esta monografía se investigan algunos aspectos de la tradición lexicográfica hispano-filipina de los siglos XVII y XVIII desde la perspectiva de la pragmática intercultural y la traductología. Se trata, al modo de ver del autor, de un periodo historiográfico muy fecundo de los gramáticos y lexicógrafos misioneros españoles que no ha sido estudiado sistemáticamente pero que manifiesta los conflictos derivados del contacto intercultural en Extremo Oriente de un modo muy revelador para la historia de las lenguas filipinas y para la evolución de sus culturas. Al mismo tiempo, resulta muy clarificador para establecer la importancia de diferentes implícitos culturales, como el tabú de la mención del progenitor, así como los casos claros de malentendidos culturales entre españoles y filipinos en las primeras etapas del contacto. La elaboración de diccionarios aportaba tanto información gramatical (a veces de modo revolucionario respecto a América, puesto que se trata de vocabularios cuyas entradas representan morfemas, antes que palabras independientes), como propiamente cultural, lo cual incorporaba muchos datos sobre el ethos cultural de los pueblos filipinos de gran importancia para la evangelización, que es lo que se proponían los religiosos misioneros. En definitiva, la traducción lexicográfica bilingüe de los misioneros se concibe como un medio historiográfico que nos acerca a la verdadera naturaleza del contacto entre pueblos con fundamentos culturales tan diversos. En opinión del autor, la exogramatización o descripción exógena de realidades gramaticales debía combinarse con la exoculturación o adaptación mutua para la comprensión entre visiones del mundo tan alejadas. Por este motivo, la identidad híbrida de los pueblos filipinos de hoy (coherentemente denominados “los latinos de Asia”), puede ser, al menos, parcialmente explicada a través de la labor traductora de los gramáticos y lexicógrafos españoles en las islas Filipinas en el periodo comprendido entre 1613 y 1914.

 


JOAQUÍN GARCÍA-MEDALL es Profesor Titular de Lingüística General de la Universidad de Valladolid desde 1997. Ha publicado diversos trabajos sobre la morfología del español (La prefijación verbal (1994); Casi un siglo de formación de palabras del español (1995); Aspectos de morfología derivativa del español (ed.) (2002)), sobre las perífrasis verbales, el adverbio y las conjunciones temporales y concesivas. También ha investigado sobre la morfología de algunas lenguas amerindias (“Sobre reduplicación morfológica de lenguas amerindias” (2003)), sobre la influencia de la sintaxis del español en la lengua guaraní (“El sistema tempo-aspectual del guaraní paraguayo” (2002)) y sobre la traducción (Bueno y García-Medall (eds.) (1998) La traducción: de la teoría a la práctica; “La traducción español/portugués: lagunas y perspectivas” (2000); “La traducción en la enseñanza de lenguas” (2001). Recientemente se ha dedicado al estudio de la lexicografía misionera hispano-asiática y, en especial, de la hispano-filipina. Ha elaborado y publicado una edición moderna del Vocabulario de la lengua bisaya, hiligueyna y baraya de la isla de Panay y Sugbú y para las demás islas, del P. Fray Alonso de Méntrida (2004[1637], así como diversos trabajos sobre la lexicografía bilingüe hispano-filipina. Actualmente elabora una edición crítica de la obra gramatical de Fr. Francisco López (1627) Arte de la Lengua Iloca que ha de aparecer publicada por la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) en la colección de Facsímiles Lingüísticos Hispánicos.



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PRÓLOGO
 
 
Este año se celebra el V centenario de la muerte de Andrés de Urdaneta, vasco y español universal, monje y marino, quien por orden de Felipe II guiaría la expedición de Miguel López de Legazpi a Filipinas, llegando a Cebú el 28 de Abril de 1565. Después de unos meses de descanso, Fr. Urdaneta emprendía su viaje de vuelta a México, descubriendo el tornaviaje Filipinas-México-Filipinas, que anteriores expediciones no consiguieron alcanzar y de ahí su fracaso. Sería este el tornaviaje que por 250 años (1565-1815) haría famoso el “Galeón de Acapulco o Galeón de Manila”.El trayecto Manila-Acapulco-Manila comunicaría, desde entonces, Oriente con Occidente. Desde Manila llevaría sedas y porcelanas de la China; clavo, canela, jengibre, pimienta, nuez moscada… provenientes de Ceilán, las Molucas, Java. Productos muy estimados en Europa; y de México, llevaría la patata, el maíz… el situado y las barcadas de religiosos-misioneros con destino a Filipinas, China y Japón.

Después de varios años de penuria e incertidumbre acerca de su permanencia en Filipinas, Legazpi y sus compañeros, debido a la falta de provisiones en Cebú, y acosados por los portugueses, abandonan esta isla y se trasladan a la de Panay en 1569. En mayo de 1571, después de haber recibido de México instrucciones de permanecer en las Islas, Legazpi, acompañado de unos 200 españoles, se traslada a Manila (isla de Luzón), donde establece un lugar permanente de residencia.

Los expedicionarios, y especialmente los agustinos que acompañaron a Legazpi, pronto se dieron cuenta de que el panorama lingüístico de las islas era un verdadero mosaico de lenguas y dialectos. Esta multiplicidad de lenguas hacía la labor misionera difícil en los primeros años de la evangelización de Filipinas. Razones prácticas, pues, obligaron a los religiosos agustinos y demás religiosos de otras Órdenes que les siguieron, a abordar desde un principio el estudio de las lenguas nativas. El Arte [Gramática] y Vocabulario [Diccionario] eran medios necesarios para que el misionero pudiera aprender más fácilmente las lenguas nativas, y así conseguir comunicar el mensaje a sus oyentes. Aquellos religiosos que dominaron alguna de las varias lenguas en el diario contacto con los nativos y ayudados por ellos, comenzaron a escribir gramáticas y diccionarios que más tarde serían usados por las nuevas barcadas de misioneros que arribaban a las islas. Razones prácticas, también, para un mejor apostolado y evangelización, fue la decisión llevada a cabo por el Arzobispo de Manila y Gobernador General, en virtud de un decreto real de 27 de Abril de 1594, de proceder a la división territorial entre las varias Órdenes religiosas. Esta división hacía más fácil la tarea evangelizadora en dos, tres o cuatro de las lenguas principales. Las gramáticas y diccionarios –exceptuando las del tagalo y del bisaya, este último con sus variantes según las islas-, nos indican las provincias o regiones de la acción misionera-apostólica de los Agustinos, Franciscanos, Jesuitas, Dominicos y Agustinos Recoletos.

La lengua tagala fue la más estudiada de Filipinas. Esto se debe a que todas las Órdenes religiosas misionaron o tenían casas en territorio donde se hablaba esta lengua. El P. José Astudillo escribe en la censura al Arte del agustino, P. Tomás Ortiz (1731), que los religiosos se habían aficionado tanto al estudio de las lenguas Filipinas que “apenas habrá otra lengua para cuya perfecta inteligencia se hayan compuesto tantas Artes en menos de 200 años que ha se introdujo la Religión Católica en estas Islas. En la lengua Bisaya salieron varios; en la Pampanga, Ilocos, Bicol y Cagayan no faltan; pero en esta tagala son ya con demasía”. Que existían con demasía se colige de lo que Noceda y Sanlúcar escriben en el prólogo de su Vocabulario Tagalo (1754), que “se hallan en esta lengua [tagala] tantos Artes, que ella sola excede en el número (siendo tan corta su extensión) al número de artes, que habrá para las lenguas vivas y muertas de toda Europa. Treinta y siete he leído…”. No hay duda de que la producción lexicográfica de los religiosos españoles en Filipinas fue, sin duda alguna, superior, en proporción, a la lingüística misionera de Hispanoamérica. Algunas de estas obras manuscritas e impresas, como es el caso del Arte Pampango del P. Coronel publicado en 1617, según Benavente y otros, lamentablemente, no han perdurado debido al clima de las Islas Filipinas y la pobre calidad del papel usado.

Sobre estas Artes y Bocabularios escritos por los misioneros españoles de la varias lenguas filipinas en los siglos XVII y XVIII, principalmente, trata este estudio y análisis del profesor D. Joaquín García-Medall, sin olvidar las lenguas de las islas Marianas, las Carolinas y la lengua japonesa.

Así como la historiografía hispano-amerindia se ha estudiado bastante a fondo, no así la hispano-filipina. Con todo, desde hace unos años a esta parte, el interés de la historiografía filipina y oriental, está cambiando, como se puede apreciar por la bibliografía que el autor nos presenta al final de su trabajo. La importancia que algunos autores han dado al estudio historiográfico moderno de la lenguas hispano-filipinas, les ha llevado a publicar en España en forma facsimilar algún vocabulario y algún arte, así como en Filipinas, impresos en su traducción inglesa moderna, como el Vocabulario y el Arte del P. Diego Bergaño y el del P. Francisco Coronel, sobre la lengua pampanga.

En el presente trabajo, el autor, de una manera minuciosa y detallada, divide y estudia la lexicografía hispano-filipina en tres períodos o etapas. El periodo clásico (1613-1765); el segundo período o de la decadencia (1770-1840), y el tercero o el del resurgimiento frustrado (1840-1914). García-Medall estudia, entre otras cuestiones, la organización lexicográfica y gramatical de las principales lenguas filipinas; la adaptación hispano-filipina según los vocabularios bilingües y otras fuentes históricas; la competencia y evolución en la lexicografía bilingüe hispano-filipina del siglo XVII o el vocabulario japonés-portugués (1603-1604) y su traducción española (1630). Un capítulo especial y de gran interés para conocer y apreciar la cultura del pueblo filipino a la llegada de los españoles, es el dedicado a la fraseología del insulto e ironía en los primeros vocabularios del tagalo y del bisaya. En este capítulo se puede apreciar bien, cómo los autores de los vocabularios no se limitaron a la simple equiparación del vocablo español con la lengua nativa que estudiaban, sino que recogieron la fraseología de insultos e imprecaciones, gestos del ultraje, juramentos e ironías, el ámbito de lo deshonesto, etc. La obra termina con un capítulo dedicado a los prólogos de la lexicografía hispano-filipina, transcribiendo unos 15 de ellos.

Usando sus estudios precedentes así como los trabajos de otros autores de los últimos años, el profesor D. Joaquín García-Medall, nos presenta una obra minuciosa, detallada y completa acerca de la filología hispano-filipina. Obra imprescindible para cuantos deseen adentrarse en el estudio de la misma y de algunas lenguas orientales. Un trabajo bien logrado, por el que felicitamos a su autor.

POLICARPO HERNÁNDEZ

 
 
 
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