Vertere (Número 13 – Año 2011)

ISBN: 84-96695-53-O – Nº 13/2011
EDITA: Excma. Diputación Provincial de Soria

 

VICENTE LÓPEZ FOLGADO, ÁNGELES GARCÍA CALDERÓN, MIGUEL Á. GARCÍA PEINADO y
J. De D. TORRALBO CABALLERO

Poesía inglesa femenina del siglo XVIII.
Estudio y traducción
(Antología bilingüe)

En la historiografía literaria hay muchas lagunas de autores que el canon no ha consagrado como figuras destacadas y dignas de la lectura atenta por parte de las generaciones siguientes. De forma singular, entre esos escritores marginados están las mujeres, cuya aportación no se ha visto favorecida por la crítica del momento ni a cuya obra se le ha hecho demasiada justicia, a pesar de la actual reivindicación feminista de sus biografías.

Esta antología pretende ofrecer un panorama de la poesía de un nutrido grupo de escritoras que a lo largo del siglo XVIII han ofrecido una buena gavilla de poemas, no pocos llenos de exquisita sensibilidad, que nos remiten al mundo de los tópicos de su siglo vistos a través de su particular perspectiva.

El papel social de la mujer, ancilar y secundario, en esa época no les impidió escribir poemas de gran interés y algunos de ellos formalmente de tan bella factura como el de cualquier prestigioso vate de su época.

 


Los autores de esta obra son profesores de la Universidad de Córdoba y atesoran una amplia experiencia en la traducción literaria desde hace varios años. En este antiquísimo quehacer que es la traducción, se libra la vieja batalla del logos sorteando en frágil barca los rocosos escollos retóricos de la imitatio y la inventio, extremos que se alzan como auténticos Scilla y Caribdis de amenazante traza. El equilibrio horaciano es la guía segura para fijar el rumbo en esta mar procelosa que es la lengua, sometida a los vaivenes caprichosos de símbolos tan evanescentes y difusos como las propias olas. Como dijera Octavio Paz (‘El signo y el garabato’), el ser es invisible y estamos condenados a adivinarlo “a través de una vestidura tejida de símbolos. El mundo es un racimo de signos”. En el centro de ese mundo está la capacidad humana de usar y manipular los símbolos en la comunicación y de reinterpretarlos en la traducción. Por eso los traductores saben bien que ni la proposición más simple pasa inalterada de un idioma a otro, pues cada lengua enmarca sus palabras de manera única, si bien, por fortuna, no inmutable. Según George Steiner (Language and Science), los grandes traductores actúan como una especie de espejo vivo: dan del original no una equivalencia, lo que es imposible, sino una contrapartida vital, un eco fidedigno, aunque autónomo…”. Fieles al requerimiento de este sabio humanista actual, los autores tratan en estas páginas de verter el eco de los anhelos, las inquietudes y las angustias de varias generaciones de mujeres cuyas voces –ora susurro, ora grito- bien merecen ser escuchadas.



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PRÓLOGO

Écriture féminine, Frauenliteratur, feministiche Literaturwis-senschaft, Women’s Studies, Gender History e incluso ‘Crítica literaria feminista’… Los Estudios Culturales contemporáneos han dado nombre a un fenómeno muy antiguo y relativamente desconocido por el gran público hasta hace muy poco: la experiencia literaria de las mujeres que escriben y la literatura escrita —no necesariamente por mujeres— para que lean las mujeres, así como la apreciación que les merece. Tal vez habría que añadir, a todas esas denominaciones más o menos aceptadas, la de una “poesía femenina” —como hacen los editores de esta antología—, en la medida en que la poesía se diferencie específicamente de tout le reste. Con esta perspectiva, la idea misma de una literatura o poesía femenina afectaría, como no ha llegado a hacerlo nunca ninguna literatura nacional, a las aspiraciones de una literatura universal o Weltliteratur: “Hay que vivir en un mismo mundo —escribió Victor Klemperer— para poder llegar a establecer comparaciones y a albergar celos”. (1) ¿Viven en un mismo mundo de lectores —en una misma Leserwelt— las mujeres y los hombres? ¿Nace lo que escriben, unos y otras, de los celos que albergan? Una lectura libre de prejuicios de la presente antología descubre muchos más parecidos de los que podríamos suponer por los handicaps e impedimentos —las “cadenas desiguales”, en el poema de Anne Finch con el que comienza— tradicionalmente asumidos para que las mujeres se expresen por medio de la palabra. Podríamos pensar que las trabas son siempre de naturaleza sociológica o moral, no literaria: nada hay en el oficio de la escritura ni en la ética de la literatura que pueda constituirse como un secreto de género profesional. A diferencia del siglo XVII —cuya poesía femenina editaron con el mismo cuidado Ángeles García Calderón y Juan de Dios Torralbo Caballero (2)—, el siglo de la Nouvelle Héloïse o de Pamela estuvo marcado por un tono predominantemente femenino. Sin salir de Inglaterra, Landor escribirá un libro deliciosa y casi exclusivamente femenino con su Pericles y Aspasia. Antes del Romanticismo, la época augusta de la literatura inglesa pudo ser también doméstica y anhelante, escéptica y cortesana, subversiva e imitadora. La Poesía inglesa femenina del siglo XVIII es, sobre todo, un registro del soft language con el que toda una época tuvo que aprender a comunicarse y ponerse de moda. Las quejas y los lamentos no mejoran de suyo los poemas, y es en los gestos inequívocos de valentía o de indiferencia de las mujeres que escriben —para sí mismas o para los hombres, para nadie o para los dioses— donde se desmorona cualquier psicología convencional. Los derechos de la mujer invocados ocasionalmente no son el tema principal; lo es la vida y sus exigencias.

A lo que sería una “poesía femenina” hemos de sumarle su carácter inglés. La literatura inglesa es la menos afectada de las literaturas modernas, tal vez porque, incluso en el siglo XVIII, ajena a las academias y mucho más atenta que ninguna otra a la letra de las versiones bíblicas, eminentemente populares, encontró con facilidad los cauces por los que fluir de generación en generación. La poesía femenina inglesa del siglo XVIII encaja perfectamente en su marco de referencia nacional.

Ninguna literatura es lo suficientemente pura, sin embargo, como para que no se puedan señalar en ella las huellas e influencias de otras literaturas. La influencia y la huella de las versiones bíblicas en la literatura inglesa —de lo que Matthew Arnold llamó el hebraísmo— son, sin duda, las más poderosamente impresas, y tal vez aquí podría decirse que lo femenino ha modificado la impresión en un sentido, si no helenista, desde luego sí menos adusto. Blake no encontrará su corresponsal femenino en la propia Inglaterra, sino en América, y la voz profética de Emily Dickinson es impensable con independencia del género. Todo esto se refleja, naturalmente, a la hora de traducir. Lo esencial no es la medida: la métrica no es, por definición, inconmensurable. La verdadera dificultad de la traducción reside en lo que teóricamente conocemos como intraducibilidad: la resistencia que una cultura ofrece a descomponerse en otras lenguas. La poesía femenina inglesa no es invulnerable a la tendencia de las instituciones a construir una cultura y no otra. La supuesta debilidad femenina o de la poesía femenina se pone a prueba aquí. Buena parte de los poemas recogidos en esta antología tratan, precisamente, de traducir un lenguaje institucional, y la tarea de los traductores —que solventan con acierto el problema inicial de escoger el metro adecuado con el que verter el original— consiste en ser fiel al desplazamiento interno que una lengua experimenta cuando se traduce (o se traiciona) a sí misma. De nuevo los Estudios Culturales han tenido que nombrar lo que era un fenómeno antiguo: los traductores han tenido que traducir, en realidad, no una escritura (poesía o literatura) femenina, sino toda una rewriting. Es inestimable lo que la poesía femenina inglesa aporta a la poesía en general y a la poesía inglesa en particular.

En cierto sentido, la finalidad de esta antología es histórica. Quienes la lean se darán cuenta de que, en el futuro, ya no se escribirá así: las antítesis despejan el camino, pero no nos devuelven al principio. Probablemente sea esa la enseñanza fundamental de una investigación como la que esta traducción ha emprendido: en la indeterminación de lo que nos espera, todo cuanto haya sido recorrido por los seres humanos ha de estar perfectamente señalado. Posthumanos como somos, leeremos con incurable, pero redentora nostalgia cualquier manifestación literaria que haya recuperado la inocencia. La Poesía femenina inglesa del siglo XVIII es un ejemplo de ello.

Antonio Lastra
Universidad de Valencia


(1): Victor Klemperer, Literatura universal y literatura europea, trad. de J. Seca, Acantilado, Barcelona, 2010, p. 22 (Weltliteratur und europaïsche Literatur, 1929). Véase Michele Cometa, Dizionario degli studi culturali, a cura di R. Coglitore e Federica Mazzara, Meltemi, Roma, 2004.

(2): Poesía femenina inglesa del siglo XVII, introducción, selección y traducción de A. Gª Calderón y J. de D. Torralbo Caballero, Letra Capital, Valencia, 2009. Véase la reseña de María José Coperías en la serie 7ª de Libros de La Torre del Virrey. Revista de Estudios Culturales (http://www.latorredelvirrey.es/libros).

 

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